viernes, 9 de noviembre de 2012

Música. (¿Tú?)

La música es como un montón de cintas de colores. Vienen volando y son más largas aquellas que duran más. Hacen muchas ondas, y más ondulan al llegar. Todas ellas desaparecen en una especie de línea blanca difuminada que parece encontrarse justo enfrente de sus espectadores. Desaparecen pero al mismo tiempo empapan una pequeña fracción de ellas mismas, como un regalo y un recuerdo de lo que fueron. Alguna vez regresan, tal y como eran antes, exactamente iguales (siempre con sus excepciones), y otras veces regresan un poco cambiadas, tienen otra forma y hasta huelen distinto, pero son ellas: volvieron. Crecen algunas veces, mientras están volando. Pero todas caen. Es como si tuvieran una vida, y viajaran en el tiempo, viéndose más jóvenes y más viejas. Algunas veces más alegres, algunas veces apesadumbradas más bien, pero siempre sabiendo que son ellas, puesto que conocer un segundo de la vida de ellas nunca podrá hacer que se les conozca por completo, a detalle. A veces hablan, incluso cantan. Más bien, es la ilusión que provocan. Porque bien sabemos que sólo parece que cantan, pero que en realidad están haciendo música muy suya. Y vuelven ahora a parecernos felices, pero volvemos a recordar que no podemos saberlo, no podemos conocer tanto de ellas.

Pero son todas jóvenes, todas tienen la edad perfecta, la edad idónea. La edad, pues, escrita y coincidente, para realizar ese preciso milisegundo de música.

Pasan todas ellas, durante su vida muy cerca de un no-cinta, llamado Director. Él las crea, o más bien las guía. O más bien guía a quienes las crean. O más bien guía a quienes las guían, porque ya existían. Pareciera que ese guía-director simplemente se está divirtiendo con la orquesta. Está jugando con la orquesta. Pero lo hace muy bien porque sigue las instrucciones de alguien más, de alguien más grande, de alguien que sabe más, pero que también algunas veces se equivoca. Alguien que sabe más le dijo cómo había que jugar con la orquesta. Cuál era la forma de hacer-lo-que-se-te-pegue-la-gana con la orquesta. Todo ya estaba hecho, todo ya tenía la forma que tiene ahora. Simplemente necesitaba pasar, todo, a través de un organismo que fuera capaz de interpretarlo. O más bien, de recibirlo y crearlo. Crearlo de nuevo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lo que me mantiene a flote cuando estoy realmente deprimida