"Hacé lo que quieras." ¿Qué tendrá más sentido? ¿Un sistema de querer-hacer o uno de deber-hacer? Debe tener buen mérito seguir el camino que todos los demás siguen. El camino que nunca ha existido concretamente pero que toda la vida se ha seguido. Caminar detrás de otros a través de una línea de tiempo que a gran escala se adivina cambiante, pero que vista de cerca no parece más que lo mismo, la misma línea, repetida para todo el mundo. El saber qué es lo que tiene más sentido debería ser resultado de prueba y error.
Ahí está uno, queriendo dejar una marca para cuando ya nada quede, sin darse cuenta de que en realidad todo lo que conocemos y todo lo que conocen los que más saben, no es ni siquiera un despreciable punto enmedio de la inmensidad impensable del tiempo, pero del tiempo verdadero, del que no se ve.
Esos caminos idénticos, cambiantes sólo a través de muchísimos años, se dividen en otros caminos relativamente diferentes. Todos van al mismo punto, y todos pasan por los mismos lugares, pero son caminos diferentes. ¿Y si uno de ellos sale a un ángulo del que no se pueda recuperar? ¿Será que ese camino sin gobierno de dirección llegue también al mismo lugar que los demás? ¿No estaría bien si al final de cuentas se llega al encuentro de todos los demás caminantes? Al final de cuentas, existen infinitas trayectorias que puede seguir una serie de vectores entre dos puntos. Pero esos dos puntos seguirían estando en el mismo plano; los vectores serían solamente de dos dimensiones.
El problema es no saber a quién se sigue. Seguir a Euterpe y dejar de vivir en el mundo real, en el mundo del oro. Seguir a Melpómene, viviendo todo el camino con el deseo de seguir a Euterpe, o viceversa. Seguir a Erato, sintiendo que el camino se hace angosto y se pierden de vista los demás. Seguir ultimadamente a Urania, sin tener preferencia por ella, esperando un laurel más seguro. O seguir a nada; seguir a una nada gris y cuadrada. Esa nada que es preferida por la mayoría y que inclusive para muchos no es tan nada. Esa nada que es tan fácil y que da un laurel al que todos ven con ojos de aprobación, pero yo veo de papel, de aire, de nada.
Y al final resulta todo tan obvio. Tan obvio para uno y para los que saben lo que trae uno en sus arterias. Pero igual de obvio es de incierto, de borroso.