Pongámosle un nombre, el que sea. Cambiémosle el nombre. Así, quien nos descubra pensando en ella, no sabrá de quién se trata. En todo caso, se estaría pretendiendo que aquello tenga alguna importancia. Ahora sí. Debería pensar en ella más tiempo. Podré, inclusive. Y sin ningún remordimiento de que alguien venga y me lea (STOP!) la mente, y me descubra pensando en ella.
Cada segundo olvido, cada pequeña fracción de segundo olvido. Y al fondo de ese (STOP!) olvido, como en segundo o tercer plano, aparece ella. Ya ni siquiera es ella una imagen o un sonido (cuando se es exigente). Es un punto, un botón, una simple cosa diminuta, pero todo ello es para que podamos recordarla, con todo y su otro nombre, sólo con ese punto. Y entonces más protegidos estaríamos contra un ataque de lectura de mente. Pero en cuanto seamos redireccionados, podremos ir a ella, ir incluso con ella. Y de ella. Ello convierte a la mente en algo muy sencillo de usar a nuestro favor.
Regreso en el tiempo, sólo para recordar qué estaba recordando cuando sucedió ese segundo: antes. Y entonces al hacer ese viaje me doy cuenta de que sólo puedo mantener un recuerdo guardado, correspondiente a un segundo de ella. Y entonces, automáticamente, adquiero como por regalo, más tiempo para pensar en ella. Dentro de cualquier lógica.
Y no puedo evitarlo. Siempre que pienso en ti, después de un buen momento de pensar sólo en ti, comienzo a (primero) equivocarme en lo que estoy haciendo y (después) a pensar en Música. No puedo evitarlo, es como Liszt hablando de ti. Mentí, pensé en Beethoven. Ahora bien, este cruce de pensamientos resulta ser (para fortuna nuestra) recíproco. Es decir, cuando estoy pensando en Música, después de un buen momento de pensar sólo en Música (confío en que recordaré), comienzo a pensar en ti. (¡Lo logré! ¡Sí lo recordé!) ¿Era ese violoncellista acaso asiático? Seguramente tiene que ser un razgo tuyo. Algún ademán, algun centímetro tuyo.
Ya te vi. Estás feliz. Estás feliz porque sonríes y expones una cara un tanto más llena de luz (¿Por qué le tengo miedo a regresar y recordar qué estaba pensando de ti hace unos segundos?) O al menos ese es el recuerdo que vino a mí cuando pensé esto. Eso es lo que queda, no "cómo se hizo este recuerdo" o "qué estaba haciendo antes de hacer este recuerdo". Eras tú, seguro, pero no sé nada más. Eres tan importante que recuerdo más claramente qué estaba haciendo, cuando estaba contigo. Todo esto, como bien se comprenderá, pensando en el recuerdo de ella, no en ella. Pienso mucho en "pensar"; probablemente porque estaba pensando en la mente, en qué estaría ella haciendo cuando estuviera pensando en ti. Estaba pensando todo eso, y empecé a pensar en ti.
¿Ves? ¡Otra vez la música!
Probablemente poniéndome unos lentes con una imagen de ti, un poco transparente, un poco invisible, el mundo se vería más bonito, con más orden, con más armonía. ("Y sí." diría ***, con su maléfica sonrisa de gente buena. ¿Recuerdas?) Eso, armonía, música. Soy yo mandándome mensajes al futuro. Probablemente para que recuerde cómo era todo antes, en el pasado. O sea, del pasado en el cual estás en este momento, mandándote mensajes al futuro. O no. O tal vez son sólo instrucciones acerca de cómo pensar en ti, por si en alguna ocasión, por gran desventura, pudiera olvidar cómo hacerlo. Siempre vuelvo a un punto conocido. Conocido y bello. Y estando ahí estoy a salvo. Ahí viene otra vez, otro punto conocido. Llegó otro recuerdo, pero este tuvo la desdicha de pasar de largo y no ser utilizado por mí. Mala suerte, porque inclusive lo pude ver desplazándose por mi izquierda, pero iba rápido y no lo pude reconocer. Esperaré a ver que haya desaparecido el ruido. Y entonces sí, de nuevo, en lo que estaba. Más bien, en lo que seguía.
¡Pero siempre tú más visible! A tiempo. Estuve a punto de olvidar todo sobre ti.
A ver, deja te veo. Deja que todo lo que pensé las últimas horas tome forma y se acomode a tu imagen. ¿Tome forma? LE DÉ forma a tu imagen. ¡Hey! ¡Recuerdo ese lugar! Puesto que cambias de forma; DE APARIENCIA, MÁS BIEN; te recuerdo. Ahora estoy viéndote. Anda, esa sonrisa. ¿Será la misma? Tengo que sonreírte como contestación, aunque seas una imagen, ¿verdad? Qué bonita, así en fachas. ¿Qué estaría diciendo en ese momento?
1 comentario:
Excelente monólogo. Gracias por compartir y así poder disfrutar.
Publicar un comentario